Diario de Selina

Diario de Selina, Llegada.

Selina permanece sentada en un rincón cercano a su sarcófago. Entre sus piernas cerradas sostiene un grueso diario de páginas amarillentas aparentemente en blanco. Junto a ella, una pluma y un tintero con el que escribe sonriendo, a veces dibuja con un pequeño carboncillo mientras piensa lo que quiere expresar. Una vez termina, guarda el diario en algún lugar oculto, donde sus pensamientos solo queden para ella misma.

"Si, me diste este diario como regalo antes de despedirnos, pero, sinceramente me cuesta sentarme y ordenar mis pensamientos. Llevo tanto tiempo contenida que tengo que soltar algo.

Ya hace un mes que llegué a necrópolis y, como me aconsejaste encarecidamente, he permanecido en un segundo plano, escuchando, observando y sin mostrarme como tú siempre dices, "un verdadero tormento de lengua afilada".

He conocido a algunos de mis nuevos hermanos de sangre, que no sé por qué se han puesto a mandarme tareas para probarme. Por cierto, todos hablan como si bebieran sangre de bardo, y me he tenido que reprimir unas cuantas veces para no soltarles una vulgaridad de las mías.

Mi primer contacto con un hermano fue con un abrazo. Y es que el hermano Mosca tiene algún problema de cariño, por eso habla como si su gran amor fuera él mismo, pero a la vez quiere que todos le escuchen hablar de sus batallas o historias en tercera persona sobre él mismo. Me hace gracia, y he probado a soltarme algo ante él a ver que sucedía, y mejor lo dejo para más tarde. Pese a todo, es el que más cosas puede enseñarme, y a quien más me parezco (al menos en la forma de combatir o actuar). Tengo que saber más sobre él

El Hermano Gritón es el que mejor me cae por ahora. Es uno de los que más se ha interesado en ayudarme a controlar mis nuevos poderes y dado algún que otro consejo. En combate grita mucho y parece disfrutar berreando, pero es un guerrero temible y digno de observar. Además de contarme historias sobre algunas zonas de Emnekhul y alrededores, me ha ofrecido su ayuda si la necesito. Es una compañía agradable.

He oído hablar mucho sobre la sacerdotisa perdida, Ireth y algunos hermanos que ya no están, o hace tiempo que nadie los ve. Y como me recomendaste, me he sentado horas en la biblioteca a conocer sus políticas, ejercito, grupos y demás formalidades de la ciudad de los huesos. Por ahora se me escapan muchas cosas, como la cantidad de humanos mortales que pululan por la ciudad, o algunas conversaciones que aún no tienen sentido para mí.
En el Templo de la Noche Eterna he contactado con algunos hermanos de fe. Penumbra, es un sacerdote de la Dama, y con su ayuda he podido contactar con otros fieles a la Señora de la Noche. Tras una ceremonia en el Templo, hemos hablado de nuestros planes y luego actuado en consecuencia.


Hay otro hermano, es el que más serio y firme ha sido conmigo. Creo que ostenta un título, aunque le llamaré aquí Hermano León, pues su sola presencia bastó para saber que estaba ante alguien que tenía que tratar con respeto. "No tengo paciencia con los débiles" me dijo tras hacerme un encargo. Espero que el regalo que dejé junto a su sarcófago le haya mostrado que no lo soy.
Tengo un libro de color carmesí que entregar, tres informe que escribir, y definir en profundidad mi alter ego para mis salidas a la superficie (Elba Darash). Y aquí estoy, dibujando mientras intento recordar mis primeras impresiones en esta ciudad.

Puede que pronto me abra un poco más con mis hermanos, espero que entiendan que pese a todo, mi lealtad está con ellos y con la Ciudad Inmortal. Aunque no hable como si me hubiera comido los libros de una biblioteca élfica, ni me muestre como si los de nuestra estirpe carecieran de sentido del humor."

Diario de Selina, Errores

No hay mejor aprendiz que el tiempo, y las últimas noches me han dado una gran lección. Poco a poco voy conociendo a mis nuevos hermanos y a veces las primeras impresiones no son las que cuentan.

Tengo que cambiarles sus nombres secretos, pues cada día noche que pasa empiezo a admirarlos cada uno en su forma de ser, tan distintos. Pero cuando unen sus fuerzas y habilidades, solo queda observar y disfrutar del espectáculo.

SOMBRA se empeña en criticar mi vestuario. Empiezo casi a perdonárselo porque aprendo mucho de él observando como se mueve en silencio. Aunque a veces su humor me desconcierta, cuando llega el momento es admirable su forma de actuar y estar en el sitio adecuado, o hablar cuando un susurro, o una amenaza velada, debe hacerse. Si no fuera tan orgullosa le pediría que fuera mi maestro en muchas cuestiones. El tiempo lo dirá.

GALÁN  me ha dado una gran lección. Me da hasta vergüenza recordar mi accidentado encuentro con él. Pero es comprensivo, y creo que se ha dado cuenta del poco tiempo que mi Sire dedicó en enseñarme a usar mis nuevos poderes antes de partir a otras tierras.

Dos seres de la oscuridad disfrazados, intentando robar, o cualquier otra cosa, al otro. Una cueva y la salida a plena luz del día. La Viuda pone escusas para no salir. Creo recordar que buscar setas y que le gustaban las cuevas. El hombre no la deja sola, ella tiene hambre. Están solos. Él le da la espalda.

Aparte de algún bandido esporádico, era mi primera caza en solitario. Cometí todos los errores que podía cometer. La Dama quiso que fuera con un hermano y mi torpeza quedara entre él y yo, sin contratiempos.

Tras un infructuoso ataque, y mi consiguiente sorpresa. Lo miré a los ojos e intenté que me dejara besarlo y dejara todo su oro. Nunca, jamás contaré a nadie lo que sucedió a continuación.

"¿Qué clase de la ladrona eres? No, de verdad, si quieres un revolcón, podemos hablarlo. ¿Tratas de dominarme con tu mirada?. Son preciosos sabes...unos ojos bonitos...de encantadora...pero chica que soy el Vidente"

Ah, por lo visto cuando intento dominar a alguien pongo "caras raras". ¿Cómo que caras raras? Soy una puñetera belleza de ojos cerúleos tirando a turquesa. ¡Pero qué demonios!

Tengo tanto que aprender de ellos, y aún no los conozco a todos en profundidad.



Diario de Selina, Soy

Yo soy... Yo soy...Yo soy...palabras y más palabras. Los muros de la Necrópolis no se unen con mortero ni sangre, solo con Egos y Soy.

"No te muestres, no hables, escucha tu alrededor, conoce. Que el disco negro de la Dama aparezca y desaparezca varias veces antes de darte a conocer, a hablar. Muérdete la lengua y abre las orejas, no cierres los ojos nunca y camina en silencio. Enseña el cebo poco a poco, y examina como y quien reaccionan. Aprende de ellos mientras te tomen por débil, por retraída, o por inferior. No importa, solo estará en sus mentes. Refrena tu lengua, ya habrá tiempo de que conozcan que portas tres armas."

Las palabras de mi Sire vuelven una y otra vez a mi mente cada vez que retomo fuerzas, aletargada en mi sarcófago. El esfuerzo de contenerme cada día se me hace más pesado. 

Algún reseco se ha tomado más que demasiada confianza en reprenderme, cuál chiquilla sin colmillos. Algún Hermano ha conseguido entrar un poco en mi cascarón y conseguido ver algo de la superficie. 

Este juego de esperar y aguardar a veces me beneficia. Bajan la guardia conmigo y se comportan como si fuera el último cachorro, que aún no muerde. He oído a mortales llamar imbéciles a inmortales. Mortales quejarse de las reglas de la corte. Mortales hablar de más delante de otras razas, de otras regiones.

Siguen mandándome tareas, como si fuera la camarera de la posada o el mozo de cuadras de la estirpe. Probándome, mientras acepto y callo. Por ahora.  

Sigo insistiéndole a Sombra para que me enseñe, cuando sus divagaciones y asuntos no le tienen correteando entre las sombras, o hablando solo, consigo que me regale algo de todo lo que sabe. Sigue siendo uno de los Hermanos más interesantes, y con el que más tengo que refrenarme para no contestarle. 

El Hermano Galán si se ha tomado tiempo para sentarse conmigo y escucharme. Le he pedido consejo sobre la política interna de Emnekhul y ha escuchado mis "cuentos" (mi única forma de hacerle saber algunas cosas que he visto u oído).

La Iglesia de la Dama borrón de tinta. Me entristece que las ansias de poder primen ante el dogma de la Señora, los secretos salen a la luz y las prisas por tomar el control ya han manchado con palabras las normas de la corte. He dado un paso atrás y me mantengo en un segundo plano, observando y vigilante. 

Empiezo a conocer los planes de mis Hermanos y Aliados. Poco a poco me pongo al día noche (ahhg, aún tengo malas costumbres mortales).  Tengo que salir del letargo, y comenzar a moverme.

Ya han pasado varias lunas. ¿Estaré lista? ¿Me echarán a rodar escaleras abajo en cuanto me conozcan? Si es así, al menos me tiren detrás mis baúles de ropas, maquillajes y tacones. 

Diario de Selina, Sospechas


Diario de Selina, Sospechas
Mis sospechas sobre la ambición en la cabeza del clero no eran infundadas. He puesto a prueba al sacerdote y, su prepotencia y egoísmo, han primado sobre cualquier cuestión.

A la tercera vez que me ha hecho callar o negado mi decisión con Menguante le he preguntado directamente y él mismo se ha autoproclamado Cabeza de la Iglesia del Templo de la Luna Oscura, quitando capacidad de decisión al resto del grupo.

Al Tirititero le ha dicho que formará parte de la Corte en breve, cosa que a pocos mortales se les permite y al aconsejarle paciencia y tiempo su aptitud de nuevo se ha vuelto hostil. Creo que confunden Corte con Aliados con Aliados.

Si de otro vástago se tratara, su cuerpo reseco estaría ya clavado en una pica en el centro de la ciudadela.

Por su parte Menguante mantiene una buena actitud y, si sabe aprovechar sus dones, puede ser una incorporación valiosa.

Nocturnal no tiene más fidelidad que a sí misma y sus proyectos. Ya sean para la Iglesia o a la Necrópolis, mientras pueda avanzar en sus investigaciones regalará los oídos a quien le sea de ayuda.

Tras la partida del Hermano Galán, me es agradable la compañía del hermano Izquierdo. Sigo detrás de
Sombra, pese a sus estallidos, esconde más sabiduría de la que parece. Todos me dicen que me parezco a él en combate y habilidades, aunque dudo que sus gustos de caza sean iguales a los míos.

Hace mucho que no cazo. Tengo que sacar mis trajes más elegantes y salir en busca de un nuevo marido. 

Selina, Viuda

 
 

Imagen

Un año más, con una rosa en las manos, fue a su tumba. Se recostó sobre ella, y habló toda la noche, con el pelo revuelto y ataviada del ajado traje que esa noche llevaba. A ratos canturreaba una canción, a ratos le narraba lo sucedido ese año desde su última visita.

Su llegada a la Necrópolis, sus habitantes, y algunos sucesos en la misma, le llevaron casi media noche. Acariciaba el manchado mármol mientras se despojaba de sus recuerdos pasando luego a enumerar sus cacerías.

- ¿Recuerdas al primero? - sonrió levemente mientras pasaba los dedos por las letras esculpidas en el mármol - ¿Cómo se llamaba? ¡Ah si! Es cierto. - Murmuraba como si alguna voz inaudible contestara a sus preguntas.

Cerró los ojos para recordar cómo fue su primera caza inmortal. No, no el ganado que había usado para alimentarse, esos no contaban, sino los que habían portado su rosa sangrienta. Uno de tantos ahora, el primero de muchos.

Le había llevado semanas de juegos. Siempre le gustaba tomarse su tiempo en una sola presa. Aunque con el tiempo se hiciera más diestra en atraerlos y dejarse llevar por sus deseos, siempre alargaba el momento del golpe mortal. La rapidez la dejaba para otras ocasiones.

- Aquel me amaba de verdad, lo veía en sus ojos y, como siempre que es sincero, su final fue más placentero que los que fingen. Es tan fácil manipularlos cuando piensan con el corazón, incluso más sencillo que cuando piensan con la entrepierna. - su risa susurrante se mezcló con el ruido de las hojas del árbol cercano.
Siguió narrando los encuentros nocturnos, los intercambios de promesas, las despedidas rápidas, y los planes de futuro mutuos. Mientras la historia llegaba a su final sus cerúleos ojos iban tornándose rojos con la excitación del relato.

- Pocos son los que lloran cuando te ven ataviada de novia. Aquel lloró, emocionado, y se abrazó a mi cintura, rendido a mi embrujo enamoradizo. - se giró sobre la sepultura y miró la noche estrellada para proseguir su testimonio. - Sus semblantes cuando casi consiguen lo que desean es tan enternecedor.

Con un agrio gesto en los labios continuó su hazaña. Se deleitó en los detalles de esa última noche y cómo lo atrajo al lecho fúnebre con palabras cariñosas y gestos seductores. Mientras sus ojos se hacían más brillantes, y su voz sonaba más entrecortada, concluyó su relato pormenorizando en los detalles más escabrosos.

- Al final, entre sabanas sangrientas, solo queda un despojo con ojos vidriosos. Con esa postrera mirada de asombro, dolor, miedo, pena, ira, pánico, o cualquiera de ellas. Son todos tan patéticos. - Su semblante era ahora una máscara de odio.
Siseaba en la oscuridad recordando los rostros de cada uno de ellos. Cada uno de sus maridos, amantes, o enamorados, eran el principio de todos los que la eternidad le concedería. Su regocijo con la idea casi le hizo olvidar la llegada de la alborada.

Se levantó de la losa de un salto gatuno, y dejó de nuevo una rosa granate sobre ella. Internándose en la oscuridad de las criptas recompuso su mueca. Recobró su sonrisa irónica, y se dispuso a reunirse con los únicos varones a los que ínfimamente toleraba.

La Viuda había vuelto, como cada año, a visitar el mausoleo. 
 

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