Ir al contenido principal

Susurros del Ayer


Susurros del Ayer - La elfa se agachó en silencio tras la sombra del árbol caído y miró la tierra a sus pies. No había ninguna huella, pero unos simples granos de arena desplazados y una pequeña piedrecita que parecía levemente hundida le indicó que alguien había girado a la izquierda pisando casi imperceptiblemente el suelo.

Decidió desplazarse por las ramas de los frondosos árboles de su bosque natal conociendo cada tonalidad de colores y el significado del cambio de gamas entre ellos. Sus pies permanecían el tiempo justo en cada rama para evitar el mas ínfimo sonido, y aun así recorrió un buen trecho en poco tiempo antes parar y examinar la noche con todos sus sentidos alertas.

Cada sombra, cada vestigio de rastro o indicio donde su presa pudiese hallarse parecían indicar que había parado cerca del claro que distinguía a pocos metros y sonrió bajo la oscuridad que el abrigo de su capucha le ofrecía.

"Esta vez te cazaré" pensó en el mismo instante que se percató del sutil cambio en el peso de la rama donde se refugiaba y sintió la punta de la flecha sobre su  cabeza. Una minúscula  perturbación en el aire cerca de su oreja izquierda, seguida de un susurro, borraron su sonrisa.

- Ese pelaje tuyo es como una lumbre entre la espesura - dijo él con un tono entre divertido y acusador.

Bajaron del árbol sin un solo crujido. El juego había terminado como todos los anteriores y se sintió vencida y agotada. Solo mostró una mueca de hastió mientras repasaba mentalmente qué había pasado por alto, y donde cometió el error.

La mano de él le levanto el mentón con afecto, mirándola a sus ojos aceitunados siempre joviales durante unos segundos antes de levantar las cejas. Ella sabía que iba a regocijarse en su triunfo con alguna puya sobre sus reducidas capacidades.

- Esta vez no ha sido fácil, vas a ser una cazadora magnífica - la seriedad de su comentario le tomó por sorpresa. El semblante serio del elfo parecía incluso de admiración hasta que alzó una flecha con su mano y la acercó a ella, moviendo con su punta de metal un pequeño mechón de pelo que salía de la capucha de ella - ¡Pero por las flechas de Solonor, guarda bien esa cabellera si no quieres ser engullida por un orco!.

Su rostro volvía a ser el de siempre, bromista y vivaracho. En un parpadeo el elfo salió de su linea de visión y se desvaneció entre los arbustos cercanos. Antes de ir tras de él, resopló en silencio y guardó el mechón de melena bajo sus atuendos.

Algún día, sería ella la que le sorprendería a él, y se burlaría, pensó mientras colgaba su arco a sus espaldas y comenzaba a trotar bajo la noche del Bosque de Weldazh.

Comentarios