Samara Selesar

Samara

Historia Básica

Samara Selesar, hija de Faunir y Liandra Selesar, gemela de Feanor Selesar. Elfa Solar nacida en Siempreunidos. Tras la muerte de su madre en el parto gemelar su padre decide viajar a Weldazh, sumido en el dolor y amargura que lo convierten en un padre duro y amargado, de carácter iracundo, que marca mucho la infancia y vida de Samara.

Desde niña fue callada, solitaria, tímida y retraída. Las personas que la conocían nunca habían visto una niña tan seria, pensando incluso que no hablaba o tenia algún tipo de problema.

Le gustaba ver a los demás niños jugar, pero no participaba en sus juegos. Muchas veces se escapaba, a observar a la Akh’Velahr. A veces, alguien la veía observar y no era raro que le enseñaran alguna cosa con las espadas de madera a manera de juego. Las únicas personas que la vieron sonreír fueron las que en algún momento le dieron esa oportunidad.

Al crecer empezó la rebeldía, escaparse de casa y los arranques de furia al chocar con su padre y hermano en prácticamente todo. Pese a tener un carácter amable, pacifico, cuando se frustraba podía llegar a ser un terremoto malhablado o prácticamente matar con una mirada.

Cuando viajaban nunca la llevaban con ellos, pues la tenían por una inútil en todos los ámbitos, no tenia aptitud para la magia, ni para el clero de los Seldarine, ni tampoco la templanza para la exploración o la erudición, ni prácticamente nada de lo esperaban que aprendiera o les fuera útil.

Samara decidió hablar con su padre de sus deseos de aprender a luchar (cosa que le costo mucho hacer por su falta de habilidades sociales), y tras las carcajadas de padre y hermano la única respuesta fue un desprecio: «¿Crees que ese brazo enclenque seria capaz de levantar una simple espada? Tu único futuro será encontrar un marido que te aguante y criarme nietos».

La noche que supo la noticia de la muerte de su padre, Samara entro en los aposentos paternos, cogió una vieja armadura de su madre que guardaba hace años, una espada y salió de Suldanessellar sin despedirse de su hermano.

Lo primero seria ver y conocer todos los sitios de los que se hablaban en las conversaciones que ella escucho durante años. Conocer las razas que jamás había visto, las ciudades que solo conocía por descripciones, y viajar por los caminos de los que tanto había oído hablar.

Así llego a Anm, y se esforzó en aprender a iniciar una conversación, o entablar alguna relación social. A conocer aventureros, sus tácticas de lucha, viajar con ellos y aprender todo lo que pudiera del manejo de la espada, su única y verdadera amiga.

Se preocupa por su pueblo, pero no es druida, ni maga, ni tiene conocimientos de rastreo…en su interior aun piensa que es una inútil que no puede aportar nada, como le repetían en casa y por eso piensa que no es digna de la Akh’Velahr. Por lo que sigue aprendiendo, viajando y mejorando. Con paciencia, poco a poco.

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Primer Concilio

Samara se sentó recta, con su habitual pose estirada que tantos dolores de espalda le dan al final del día. Miró a los demás participantes y esperó a que todo comenzara.

Cuando algunos compañeros pidieron entrar en la guardia de la ciudad élfica ella guardó silencio. No era su momento, aún no se veía preparada para esa responsabilidad. Y de todos los gentiles presentes solo uno podía dar fe de su valía, y mejor ni intentarlo visto los últimos viajes que habían compartido.

Apretó los dientes y cerro los ojos. La armadura de la Akh’Velahr de su padre deberá esperar donde está.

Tenia que mejorar, anticiparse a sus enemigos, serenarse en la batalla cuando lo hacia en compañía de otros aventureros y aprender de los errores.

Últimamente está mas cómoda en compañía de otros, mas abierta y con menos timideces o miedos. Pero aun tiene esa fobia social a empezar una conversación o a ser cualquier centro de miradas. Esta cómoda con algunos amigos, y lo intenta con los demás.

Pero también sigue teniendo esos momentos de búsqueda de soledad, propios de su carácter desde niña.

Algún día puede que ese muro que hay entre ella y los demás desaparezca y pueda mostrarse como es en realidad. Y sobre todo, demostrar por fin que tiene una mano firme, y su espada puede ser útil para su pueblo.

Samara Bosque

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La Armadura

ArmaduraLa elfa solar deja un gran paquete cuidadosamente envuelto en la mesa de uno de los herreros de la ciudadela. Ha llegado el momento de ajustarla a su tamaño, una ardua labor para cualquier profesional. Bien lo sabe ella que ya tiene experiencia en la herrería.

Observa en silencio al herrero sacar las pesadas piezas y examinarlas. Desde la muerte de su padre estaban envueltas y guardadas esperando el momento. El herrero levanta la vista y la mira con ojos cansados.

Es increíble lo que le hace un vampiro a una armadura elfa. Parece imposible. – dice señalando algunas marcas en la parte superior del torso mientras menea la cabeza incrédulo.

Samara queda petrificada. Sabe que su progenitor ha muerto en la ultima batalla en el Cuello de Dragón, aunque nadie le ha querido, o sabido decir, cómo. En una guerra, la forma no es lo importante. Hasta que te topas con la realidad.

Tras las dudas y los cambios de planes de las ultimas jornadas, su futuro tiene una senda clara…

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Arael Anilesa

El martillo de herrería cayo de su mano mientras vivía otra vida. Asesinatos, muertes, sangre y vivencias que no eran suyas hasta ese día.

El horror de verse hacer cosas que jamás haría por decisión propia. El temor de sentir cosas que hasta ese momento no había sentido. La absoluta sensación de vacío y soledad que esa otra vida le había dejado.

Tenia ojos nuevos para ver el mundo, a su pueblo, a sus amigos y a los desconocidos. Reconocía la ironía, los dobles sentidos, el coqueteo, el desprecio, y la maldad. Y todo lo sentía con más ira, más alegría, más pena y más dolor.

 Arthal la había arrastrado a ver a la Dama Arisel de Lotar para lograr su nombramiento en el ejercito. Sabía el elfo que ella tenia la misma intención (seguir los pasos de su padre en Akh´Velahr) y siempre la ayudaba, conociendo su dificultad para la iniciativa propia.

Arisel les dejo una misión clara: Buscar la gema llamada Arael Anilesa. Si lo conseguían, estarían a un paso del ejercito.

Tras buscar apoyos en otros gentiles, y algún mestizo, finalmente tenían en sus manos la gema maldita, con dos almas en su interior. El martillo que portaba en una de sus bolsas fue la solución. Un golpe y todos sus problemas con los Drows habría terminado.

En pocos segundos vivió una plena vida Drow, la de la sacerdotisa Bezsrima Olonrae. El golpe en su alma fue devastador. Ya no era Samara, tampoco era Bezsrima, no estaba poseída, ni maldita.

Arael Anilesa
Samara se crió sola con su padre y su hermano, ninguna mujer fue pilar, apoyo ni modelo en su crecimiento ni educación. Su forma ser tenia mucho que ver en eso.

Le pesaba mucho la armadura, la ahogaba, le apetecía bromear, reír, llorar, insultar, pegar y besar sin que nada y todo tuviera un porqué. Los demás la vigilaban como si fuera a hacer alguna tontería, mientras ella se esforzaba en parecer la misma, sabiendo que fracasaba en cada intento.

A muchos nuevos conocidos les agradaba esta nueva Samara, a los que ya la conocían les resultaba chocante o peligrosa.

A Samara finalmente le daba todo igual. Solo quería parar todas esas oleadas de sentimientos contradictorios. Cerrar los ojos y no sentir.

Samara escribe en la intimidad de algún aposento, tranquila y serena. Pese a que sabia que era mala narradora, quería descargar en papel sus vivencias, y lo que había sentido esas ultimas dekhanas.

Todo ha pasado. Ya no hay mezcla de vivencias, solo el recuerdo de una historia, un cuento, como los que le contaba su hermano cuando le leía en casa.

Samara vuelve a ser la misma de siempre. Aunque le brillen los ojos dorados de una forma especial, y sonría un poco más que antes.

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Samara Selesar, Espada y Guerra

Samara Selesar, Espada y Guerra – Dicen que los elfos solares suelen mirar mas allá de horizonte con anhelo. Suele pasar con la edad, o la soledad. Samara no sabia cual de ellas le hacia mirar hacia la lejanía, ensoñando con olores salobres de los que ni tenia recuerdos.
Habían pasado los días y las dekhanas, los meses, las estaciones, y no había conseguido encajar en su ciudad, Suldanessellar. Estaba pendiente de la recomendación de la Dama Arisel de Lotar enAkh´Velahr para el próximo concilio, que nunca llegaba.
Tenia propuestas en grupos mercenarios, y casas comerciales. Había ayudado en algunas investigaciones, incluso mágicas o en bibliotecas, y acompañado a otros a reuniones importantes como escolta. Pero al caer la noche y cerrar los ojos para ensoñar solo veía el mar.

Momentos

Su mejor amigo y compañero de aventuras la había ayudado mucho en los últimos tiempos. Lo que le hacia recordar y añorar más a su gemelo, acostumbrada a décadas de discusiones, peleas y reconciliaciones fraternales.
No era la primera vez que acompañaba a Erven a alguna reunión o encuentro relacionado con los Tlincalli. Cuando le propuso participar en una peligrosa misión no se lo pensó dos veces. Por fin su espada podía ser útil, demostrarse a ella misma su valía, ayudar, y devolverle toda la ayuda previa al mago elfo.
Fue a reuniones de planificación donde no entendía la mayoría de conceptos, sobre todo mágicos. Solo sabia que habría que luchar y posiblemente morir. No le importaba morir por el bienestar de otros, por Amn, y en nombre de Corellon.
Escribió una carta a su hermano en SiempreUnidos informándole de sus intenciones y despidiéndose, por si caso. Empacó sus cosas y partió de Suldanessellar. Con grata sorpresa fue despedida por algunos gentiles, e incluso le prestaron amuletos de buena suerte. La despedida no fue tan amarga como imaginaba y se sintió agradecida por los gestos de buena fe. También se despidió de algunos amigos en la Ciudad de la Moneda.

Despedidas

La misión fue peligrosa, incluso llego a temer a caer en batalla con algunos de los seres con los que se cruzaron en su camino del portal. Sin embargo ese día los dioses le  sonreían, su espada estuvo firme, sus reflejos alertas, su mente clara y tranquila. Por fin estaba donde debía, en batalla, cuerpo a cuerpo, siendo la espada élfica que había soñado desde pequeña.
Portal
Vio batallas en la lejanía, vio cuerpos caer, vio sangre, pero también gloria, camaradería, y determinación. Se sintió afortunada de acompañar a un grupo de personas de todas la razas que solo podían ser llamados héroes. Aprendió mas en esa misión que en los últimos años vividos.

Portal

Cuando por fin se cerro el portal sonrió mientras se sucedían los abrazos y las felicitaciones, se sentó en una roca y bajo la cabeza. Recordó las palabras del pasado sobre su incapacidad para luchar, o de llegar a ser una guerrera. Y lloró mientras reía tapándose el rostro.
La sangre, de un corte profundo en la mejilla, corrió por sus manos. Mas tarde le ofrecieron ayuda sanadora para deshacerse de la herida, pero prefirió quedarse con ella, como recordatorio de aquel día. «Todo buen guerrero luce alguna herida de guerra» decía su padre cuando presumía de las suyas.
Portal
Ahora ella tenia las suyas. Una en la cara, otra en el alma. Podría partir a Eternion, donde sabia que tendría un lugar y unos brazos que la recibieran con calor.
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Samara Selesar, Corazón de Torlath

Samara Selesar, Corazón de Torlath – Se anuncia llegando a todas las ciudades de Amn:

El Consejo de los Seis anuncia que habrá un evento el 20 de noctal -día del solsticio de invierno- en Agujas de Oro para rezar por los caídos de las Guerras del Escorpión, más de 2.300 personas durante los dos años que ha durado la guerra hasta la tregua. El evento tendrá primero una ceremonia en la catedral de Agujas de Oro por la mañana y por la tarde un espectáculo en el Coliseo donde tendrán lugar diversos espectáculos antes de la entrega de condecoraciones. Se irán ampliando detalles del evento -que será público- a medida que se acerque la fecha señalada.

Tras su paso por la guerra, y vivir su primera batalla (Espada y Guerra), Samara se presentó el día indicado para recoger su condecoración.

La carta donde se le anunciaba tal recompensa le llegó por sorpresa, no había pensado jamás que su primer reconocimiento fuera en una tierra que no era la suya. Pero tras los últimos días pasados en la ciudad, se llenó de orgullo al ver que el destino le tenia preparados aun regalos.

La ceremonia fue sencilla, emotiva e inolvidable. Muchos héroes de Amn recogieron sus condecoraciones ese día. La suya era modesta, pero se alegro por sus amigos cuando subieron al estrado con sus mejores galas.

Ceremonia

La Eterna Melodía preparó un teatrillo recordando las mejores gestas de la batalla. Fue un espectáculo acorde con el momento: lleno de proezas.

Ceremonia
Tras recibir su condecoración, nerviosa y sin saber qué decir, Samara se dirigió a la taberna, donde el vino y la conversación corrieron a raudales. Terminó la noche ebria de felicidad, y de vino.
Condecoraciones Corazón de Torlath

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Samara Selesar, Patrullas en Weldazh

Zhentarims en Weldazh 

Después de mucha patrullas solitarias, o acompañada, tuve mi primer encontronazo con humanos. Varios tipos, de ropas oscuras y que reconozco de haber visto por Amn como Zhentarims, han sido visto en Musgolito y el bosque de Weldazh.

A uno de ellos me lo encontré en solitario, y aunque solo lo escolté amablemente hasta el linde la ciudad de Caravassar, cruzamos algunas palabras. Si hubiera tenido algún rango en el ejercito, mis palabras no habrían parecido un mero farol.

Pese a que luego se han visto algunas figuras de ropas oscuras cruzando el Weldazh, no han salido del camino. El mediano llamado Nash entre ellos, se mostró amable y colaborador cuando nos cruzamos.

Patrullas Otoñales por el Cuello del Dragón

Tras mi descanso en Amn, he vuelto al Weldazh a reiniciar las patrullas semanales. El Otoño ha llegado al Weldazh y, con la lluvia, es mas difícil leer huellas en el terreno. Aún así sigo vigilando algunas zonas, como la zona cerca del Cuello del Dragón.
También es una zona a la que me gusta ir, y sentarme a meditar disfrutando de las maravillosas vistas.
Patrulla Cuello del Dragon

Aviso de la Sacerdotisa Anith

Hace pocos días un aviso urgente llego a la ciudadela de Suldanessellar. La sacerdotisa nos advertía de enemigos peligrosos cercanos a fortaleza elfica del Cuello de Dragón.  

«La sacerdotisa Sella hace llegar un mensaje a Suldanessalar para dar aviso a la milicia élfica y gentiles del weldath que hay grupos de monstruos muy cercanos a la fortaleza élfica, por lo que, tras termina la guerra contra Muran, hace un llamamento para una reunión urgente y tratar el tema del Cuello del Dragón. Además se pide a los gentiles no ir solos al cuello del Dragón debido a la fuerza, número y peligrosidad de estos seres.»
En estos últimos días nos hemos acercado a la zona en grupos, haciendo caso a las palabras del mensaje, pudiendo ver con nuestros propios ojos los peligros de los que nos alertaba. 
Patrulla Cuello del Dragon

Hay patrullas mas fuertes de lo común en la zona mas cercana al camino, la zona este del Cuello del Dragón. Y mas allá, hacia el Oeste, grupos de Nagas duras de roer.  Con ayuda de mis compañeros, y mucha magia en la espada, pudimos limpiar la zona, aunque parece que la amenaza en Weldazh se ha recrudecido y habrá que estar atentos a que no pase a mayores. 

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Akh’Velahr

Guerreros/Arqueros de su Majestad (Akh’Velahr – El Ejército del Pueblo) – El ejército de su Majestad se encarga de custodiar los enclaves élficos de Wéldazh con especial atención a Suldanessellar. Así como a las familias nobles y a la realeza. Entre los Guardianes se encuentra la infantería, arqueros y caballería. En total los Akh’Velahr de Wéldazh cuentan con 2.000 elfos con una mayoría de arqueros y una minoría de infantería y caballería. Sólo en Suldanessellar descansan la mayor parte de sus fuerzas con 1.000 elfos.
Los aspirantes, hacen actividades de entrenamiento, e incluso pasan pruebas previas como la Búsqueda de Arael Anilesa
Entrenamiento con Estafermos

 La ciudad cuenta con Arena para practicar, además de Estafermos, y armas no letales para que los aspirantes y miembros depuren sus técnicas.

Practicas de Combate de algunos aspirantes de la Akh’Velahr. Practica con estafermos.

Aspirantes: Arigael y Samara. Ayuda al Druida Turindriel en combate con Bastón.

Estafermos

Patrullas ExtraOficiales

Viaje hacia la infraoscuridad por el templo de Shevarash para hacer un reconocimiento del lugar para el futuro, como estar preparados si se acepta la ayuda a los enanos.

Elfos en la patrulla: Erven, Samara, Arigael y Eolas.

Notas: Estaría bien tener un cartógrafo para poder conseguir un mayor saber del lugar, no sabemos en el futuro el mal que puede llegar a infiltrarse por ahí.

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Samara Selesar, Promesas

Samara Selesar, Promesas – Dicen que los Gemelos separados no saben vivir solos. Y Samara sentía el peso de la soledad cada día que pasaba.
Hacia tiempo que tenia sus objetos personales empacados. Cuando terminó la guerra y sintió la llamada del Hogar intentó resistirse. Los cabellos se le habían vuelto blancos y había perdido algo de alegría en el corazón con la perdida de amistades o aliados. Justo cuando ya había decidido irse, sin mirar atrás, algo la retuvo.
– No seas cobarde – Se dijo a sí misma soltando sus pertenencias en el suelo con estruendo.
Salió al exterior y contempló Suldanessellar durante minutos mientras por su mente pasaban escenas del pasado. Bajó hasta el Altar de Corellon, donde había rezado mil veces antes de partir de la ciudad, y se arrodillo haciendo una promesa solemne. Cuando abrió los ojos y se levanto sintió que el peso desaparecía. Miro de nuevo hacia la ciudadela y sonrió.
¿Corellon la había escuchado? Puede que no tuviera nada que ver, o que los Dioses jugaran con sus destino, pero desde ese día todo cambió.
EntCuentro
Suldanessellar cobró vida a su alrededor. Se le presentaron oportunidades importantes de ayudar al Pueblo. Se abrió a conocer aliados nuevos, y vencer su timidez presentándose voluntaria a varios proyectos.
El color volvió de nuevo a su rostro, y las risas regresaron a su vida. Siempre guardaría ese momento de debilidad en la memoria, pero las promesas estaban hechas.
Cada día su espada estaba mas firme, su habilidades en combate progresaban más de lo que ella creía e incluso empezó a leer libros sobre Técnicas Militares y Defensivas. Intentaba llevarlas a la practica en pequeñas salidas de la ciudad, o patrullas con otros elfos a los que encontraba, por lo que cada día tomaba mas y mas confianza en sí misma.
Patrulla
Intentaba ayudar por igual, sin excluir por razones emocionales o de amistad, pero la tarea le resultaba algo difícil. Intentaba por todos los medios no sacar su mal carácter cuando se enfadaba, ya le había costado demasiado. En esos momentos apretaba sus manos juntas delante de ella, y dejaba pasar la tensión sin que se notara. Mas de una cicatriz se le estaban creando en las palmas intentando no explotar.
En su mente, su promesa era firme. Nada, ni nadie, podría volverla hacer caer en el desanimo ni en la duda.
Samara se colocó la armadura en pasos lentos y estudiados. Ciñó su espada a su cintura y salió de nuevo de casa, dejando sus pertenencias ordenadas donde habían estado siempre, desde la niñez. Ahí estarían esperándola a cada regreso.
SemiConcilio
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Samara Selesar, Sauliak

Samara Selesar, Sauliak – Desde muy niña había aprendido a ajustarle la armadura a su padre. Era su momento favorito con su altivo y malcarado progenitor. Él la dejaba hacer casi sin hablar, salvo para regañarla por algún fallo o descuido. Estaba acostumbrada, bajaba la cabeza y seguía haciendo su labor.
Lo que no sabia la rubia elfa eran los pensamientos de su padre mientras la veía crecer, década tras década, y hacer esa misma tarea una y otra vez, cada vez mas fuerte y responsable.
«Soy duro con ella. Demasiado. Desde que descubrí sus espadas de madera y esos moretones en el cuerpo supe que debía serlo«- Pensaba. La miró severo y señaló una correa «casi» mal ajustada. Ella sonrió como disculpa y la puso en su sitio.
«Cuando vuelva de esta batalla hablaré con ella, ya esta lista para seguir mis pasos. Quien sabe, puede que algún día incluso sea un miembro del Akh´Velahr» Pensó mirándola bien. Tenia los mismos ojos dorados de su madre, una sonrisa siempre amable y un carácter de mil demonios al enfadarse, según le decían los que la conocían bien.
«He tenido que ser muy inflexible con ella, pero eso la ha moldeado. Puede que incluso me odie un poco» Su padre se permitió dedicarle una sonrisa mirándola antes de despedirse. Salió por la puerta camino a los campamentos del Cuello del Dragón.
Cuando volviera de la batalla ya hablarían, pensó. Pero nunca volvió a verla.
En el mismo sitio, y en el mismo espejo, Samara se ajustó sola la misma armadura de su padre. La había tenido que modificar en ciertos sitios, evidentemente. Se miró al terminar y suspiro largamente.
«¿Que pensaría ahora si la viera?» – Se pregunto mentalmente. Recogió de la mesa la pequeña insignia que llevaría desde el día de hoy en su capa y que le habían hecho llegar tras anunciarle su ascenso a Sauliak del Akh´Velahr.
Nunca tendría respuesta para eso, pero levanto la cabeza, estiro los  hombros y rezó mentalmente a Corellon para mantener el valor y la serenidad en esta nueva etapa.
Se puso la insignia y corrigió que estuviera bien derecha, como su padre hubiera querido, y sonrió para sí misma con este gesto heredado.
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Samara Selesar, Carta

Carta

Querido Feanor:

Hace mucho que no te escribo, debes pensar que tu hermana se ha olvidado de ti, pero tengo tantas cosas en la cabeza, y en mi día a día, que casi no saco tiempo para escribirte.

Desde que me ascendieron a Sauliak parece que tengo mi tiempo repartido entre reuniones, informes y patrullas. Estoy metida en varios proyectos de los que no puedo hablarte por medio de misiva. Solo decirte que trabajo por nuestro Pueblo todo lo que puedo haciendo imposibles. También hago pruebas y preparo a algunos aspirantes nuevos a mi cargo.

¿Recuerdas lo que decía Padre? «¡En esta vida, las únicas recompensas se obtienen con trabajo, trabajo duro!» nos repetía constantemente. Pues por mucha razón que tuviera, y la tenia, también los momentos de diversión y alejarnos de las responsabilidades ayudan a centrarse y volver al trabajo.

Carta

Desde hace un tiempo, ademas de mis deberes en Suldanessellar, aspiro a ser miembro de una nueva casa comercial con sede en Caravassar, La Piedra Lunar. Pese a que también trabajan duro y sus proyectos son importantes, a veces peligrosos, me sirve como forma de alejarme de las preocupaciones del hogar.

Intento salir a pasear con amigos, a tener momentos de diversión y camaradería con los Grifos. No pongas esa cara, casi te imagino enarcando las cejas y diciendo que intento abarcar mucho. Pero no, no me he unido oficialmente a ellos, y si los conocieras, sabrías de lo que te hablo. Son gente maravillosa y divertida; siempre salgo renovada cuando viajo con ellos.

A veces acudo a un Club de Lucha que ha creado uno de mis Akh´Velahrn en Amn llamado Durei. Allí aprendo mucho sobre cómo combatir según qué personas y métodos. A veces muerdo el polvo, otras lo muerden ellos, pero siempre aprendo algo.

Carta

En lo personal, siento decirte que no tenias razón en lo que me aconsejabas. Siempre me decías que olvidara ya a ese elfo del que llevo años escribiéndote. Espero que te alegres por mí y no pongas caras raras. Ahora sabes que no estoy tan sola y ya no voy suspirando por los rincones como me decías.

Y sin más me despido hasta la próxima carta. Espero tu respuesta pronto. ¡O tendré que ir a tirarte de esas orejas picudas! Con amor:
Tu Gemelita Samara

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Instrucción

Esa mañana el ruido de los aceros le taladraban los oídos y la cabeza. Se había puesto la armadura temprano, antes del alba, y cuando los rayos de sol empezaban a salir ya tenia a media docena de victimas de su madrugón en los estafermos de Suldanessellar. Cerró los ojos y sacudió la cabeza para despejarse.

Otra vez! Corte hacia arriba! – dijo con voz firme. Se escuchó el ruido siseante de varias espadas al ejecutar ese movimiento circular hacia la parte superior de sus falsos enemigos. – Otra vez! Para cerrar la distancia y atacar mientras entramos en el área de cercanía tenéis que dominar el movimiento, tanto hacia arriba como hacia abajo. Otra vez! – Se oyeron varios siesos más, algún jadeo de frustración y alguna espada cayendo al suelo.

Volvió a cerrar los ojos con con el estruendo y suspiró. Estaba perdiendo los nervios, y no era normal en ella. Solía ser amable, y la mayor parte del tiempo, sonriente. Pero los acontecimientos de las ultimas dekhanas le hacían plantearse si esa era la mejor forma de mostrarse en su puesto.

Le había costado salir de su caparazón. Lejos quedaba la elfa estirada y seria que casi no hablaba cuando empezó a empuñar la espada acompañando a otros gentiles. Poco a poco había hecho amigos, creado lazos y consideraba que tenia un amplio numero de conocidos tanto dentro como fuera del Weldazh.

Pero como su espada, Triple Hiriente, el daño había empezando con cortes.

Alto!! Corte y Tajo! Hacia arriba! – Dió las instrucciones sacando la voz desde el diafragma para hacerse oír. En seguida se oyeron los siseos y el ruido de las espadas al chocar mas fuerte con la madera. «Tendrían que reponerlos después de esa mañana», pensó a la velocidad del rayo mientras volvía a hablar. – Cuando ya estamos en contacto con el objetivo, el movimiento natural es rebanar o tajar, jalando o empujando.

Los sonidos de pelea se incrementaron. Choques, gruñidos, madera astillándose y alguna maldición casi inaudible. Los novatos ponían todo de su parte, y en sus primeros entrenamientos lo daban todo sintiéndose observados. Sus ojos dorados se fijaron en algunos movimientos gráciles, algunos de ellos prometían si seguían por ese camino.

Los miró casi con envidia, ella no había tenido la oportunidad de instruirse en el ejercito. Le costó probarse a sí misma antes de entrar en él. Y luego, demostrar su valor ante Arisel de Lotar. Su puesto en los Akh´Velahr no había sido por una simple prueba en el bosque, sino impidiendo que los Drows tomaran el Weldazh junto a unos pocos gentiles y jugándose la cordura rompiendo la Arael Anilesa, cosa que pocos sabían.

Se frotó una oreja, un gesto de cansancio que la delataba para los que la conocían bien. No, no sabían lo que le había costado llegar hasta allí. Y no iba a dejar que todo ese trabajo fuera en vano. Si tenia que mostrarse menos cercana y más estricta tendría que hacerlo.

Estocada!! Estocada!! – Corrigió la postura de una nueva soldado con un toque en el codo, casi le sonríe amable como siempre hacia cuando lo hacía, pero se contuvo y simplemente asintió seria dándole su conformidad a la nueva postura. – Mas rápido!! Corte hacia abajo! Tajo!! Estocada! Tajo! Corte hacia arriba!

Los jóvenes Akh´Velarhn empezaron a sudar y jadear, poco acostumbrados a tanto esfuerzo. Los miró uno a uno, anotando mentalmente sus virtudes y defectos para hablar con ellos uno a uno luego.

Golpe plano! Golpe de Cruz!! – los ruidos contundentes le hicieron pestañear. Incluso el suelo de madera cimbreaba con los golpes – Golpe de Cruz! Paso atrás!! Corte!! Tajo!!

Cuando los vio lo suficientemente cansados calló. Los miró en silencio mientras recobraban el aliento y finalmente sonrió.

Muy bien. Podéis iros a descansar. Estad frescos para la patrulla con los maeses enanos de la próxima luna. – No pudo evitar palmear el hombro de alguno cuando pasaba a su lado.

A veces, los cambios cuestan. Ella no podía evitar ser como era, aunque lo intentara. No le borrarían la sonrisa, ni su alegría. Aunque tendría que sacar a pasear el mal carácter cuando volvieran a intentar pisarla.

Samara volvió ojerosa del entrenamiento, pero contenta con el resultado, y una sonrisa amable para todo con el se cruzó camino del ensueño.

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Samara Selesar, Invasión Ilícida

Samara mira sus notas e informes pálida y cansada mientras ordena las próximas guardias y patrullas. Los últimos días han sido duros, tras los ataques en el Claro de Eldat y las cercanías de Purskul la actividad ha sido frenética. Algunos hechos, aparte de la amenaza Ilícida la preocupan y tendrá que solucionarlos tras solucionar la amenaza (confía en ello).

Invasión Ilicida

Las reuniones han sido eternas, algunas fructuosas y esclarecedoras como la que de la Torre de Magia de Suldanessellar, otras frustrantes y agotadoras como la de los Aliados en Musgolito.

Invasión Ilicida

Sin duda, y de nuevo, son los aliados Enanos los que mejor han sabido reaccionar de forma rápida y sin problemas de egos. Tras estar presente en uno de sus Sepelios y haberles dado la bienvenida al bosque de Weldazh su respeto a esa raza solo ha podido reafirmarse.

Invasión Ilicida

Los primeros días tras los ataques los pasó en el Templo de Labelas, obsesionada con mirar los cielos en busca de naves y redoblando las patrullas de los Akh´Velahr en la ciudadela.

Vigilancia

Tras calmarse, asistir al Concilio y conocer todo lo que debe saber sobre esta amenaza, patrulló el Bosque y el Cuello junto a sus Akh´Velahrs o demás gentiles que quisieran ayudar.

También pasa algún tiempo en la entrada de la ciudadela vigilando que nadie entre con larvas o amenazas en su cuerpo. Para ello, nada mejor que una buena descarga eléctrica. Las guardias de electrocución no es que sean de su agrado pero son necesarias.

La amenaza también le está dando una lección sobre caracteres de otros miembros del Pueblo gentil. Su padre siempre hablaba del Mago Real como un mago de mal carácter y desagradable. Samara en estas dekhanas está cambiando de idea por completo. Su entrega a la amena, formas y trato hacia los demás son todo lo contrario a lo que su padre le metió en la cabeza.

Invasión Ilicida

Samara firma el último informe recibido y aparta el trabajo. Se frota las orejas como cuando está muy cansada y se pone de pie pesadamente. Ya es tarde, tendría que descansar, pero prefiere pasar un rato tranquilo con la única persona que la conoce de verdad y le hará olvidar el cansancio.

Lago

Hasta la mañana, que vuelva al trabajo, a la espera de la inminente llegada de esos seres.

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Samara Selesar, Invasión Ilícida (2º Parte)

Tras los dos primeros encuentros (Boda y Crimmor) empezaron a llegar las noticias e informaciones. A cuenta gotas, inicialmente, pero finalmente todo que se sabía de estos seres fue revelado.

Torre Magia

La primera subida a esas naves fue rápida, caótica pero fructífera. Conseguimos sacar algo de ella que por mucho que me expliquen no consigo entender, para eso están los eruditos.

Primera nave

Luego el peligro llegó al Weldazh. Los Ilícidos estaban buscando algo en nuestras tierras. Dos zonas estaban siendo exploradas por estos seres y a las dos tuvimos que ir a hacerles frente junto con los aliados que nos dieron su apoyo.

En la primera Misión, los Ilicidos se llevaron lo que buscaban transportándolos por sus portales. Aun así el combate fue sangriento, casi creímos que no saldríamos sin vida. Gabriela, Erven y yo pudimos terminar con los últimos de ellos y ayudar al resto, herido, a recobrarse.

El Guardián de las Ruinas élficas nos dio la localización de la segunda ruina.

Misión Weldazh

Misión Weldazh

Primero Loreliel y yo, como Sauliak, mandamos a parte del Ejército a proteger las segundas ruinas. Cuando el grupo llegó ya habían montado un campamento en la superficie.

Campamento Weldazh

Después el grupo de misión bajo a buscar el segundo artefacto que los Ilicidos querían. Los elegidos por el Guardián éramos tres en esta misión. Sin la mano de uno de ellos, no podría haberse sacado la Llama del fuego mágico.

Misión Weldazh

Tras conseguir la llama, llego el ataque. Nuestros soldados desde la superficie y nosotros desde las profundidades les hicimos frente. Lamentablemente era más importante llevar la reliquia a un lugar a salvo y muchos de nuestros soldados perdieron su vida protegiéndonos.

Misión Weldazh

Una vez la Llama estaba en nuestro poder, los Ilicidos centraron sus intereses en otras zonas y nos dieron el descanso para poder despedirnos de nuestras perdidas y custodiar la reliquia.

Adiós Soldados

Tras un leve respiro, los planes, informaciones y urgencia volvieron. Estos seres abandonan nuestro territorio, y no podíamos dejarlos marchar para que volvieran en el futuro y por sorpresa. Todos los aliados unimos nuestras fuerzas y nos organizamos en eternas reuniones.

Reunión Mitaram

Erven y yo fuimos a la batalla en la llamada nave 1, junto a la Piedra Lunar. Terminamos heridos y cansados. Erven perdió una mano, pero gracias a la intervención pronta de la sanadora le volvió a crecer en unos días. A mí me hirieron gravemente, pero mi complexión fuerte hizo que en poco tiempo no tuviera secuela alguna.

Después supimos que todas las misiones en las demás naves fueron igualmente exitosas.

Nave

Ya solo quedaba honrar a todos los perdidos en esta guerra. Y vigilar los cielos para que no vuelvan a parecer más seres como estos.

Adiós final

Aunque, como la paz nunca dura mucho, el peligro esta vez vendría de otro sitio. Pero esto es ya otra historia.

*Samara cierra su Diario personal, dando por terminada esta época de su vida al que tanto esfuerzo dedicó y en el tantas vidas vio apagarse*

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Ceremonia a los Héroes de la Guerra contra los Ilicidos

No era su primera ceremonia tras una guerra, aunque esta era distinta. La vez pasada era la primera vez que participaba en una gran batalla, era inexperta y su premio era el ultimo en darse (El Corazón de Torlath, la medalla de Bronce militar amniana, siempre lo llevaba bien visible)

Esta vez recogería su condecoración con orgullo. Se había enfrentado a esos seres demasiadas veces. Y esta vez sí se consideraba uno más de los que, junto a ella, esperaban a ser llamados.

Cuando oyó su nombre, levanto la cabeza y caminó con confianza. Lo que no esperaba era el presente con el que seria homenajeada.

Ceremonia

Volvió a su puesto con un nudo en la garganta, agarrando el estandarte con firmeza. Pensaba en su padre, lo orgulloso que estaría de ella si pudiera estar allí. También recordó a su hermano, que la miraba con nuevos ojos desde que llego de la Isla. Sintió el brazo, siempre protector de su esposo, dándole la enhorabuena, y cerró los ojos.

Seguiría cumpliendo su promesa a Corellon y a la Ciudadela para seguir siendo merecedora de tal honor.

Estandarte Selesar

Estandarte del Regimiento Akh´Velahn «Selesar» de Suldanessellar

Medalla De Honor Élfica

El Batallón Selesar

DM Auva escribió:

Con gran honor y orgullo 20 de los mejores Akh’Velahrn de Suldanesselar han pasado a formar parte del nuevo batallón, nombrado en honor a la heroína Samara Selesar que luchó arriesgando su propia vida contra la invasión ilithida llegada de más allá de las estrellas. Su arrojo, saber hacer y dedicación la vieron recompensada con el honor de convertir su nombre en una de las espadas de la ciudad para defenderlos contra invasores y peligros, con la esperanza de que aquellos que ahora enarbolarían el estandarte del ciervo plateado harán gala de semejantes valores por el pueblo élfico de Suldanesselar

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«A Capitanía de los Akh´Velahr:

Después del honor recibido tras mi paso estos años como Sauliak de los Akh´Velahr quisiera pedir formar parte del Batallón Selesar como uno más de los Akh’Velahrn de los que compone este Batallón. Mi presencia es más beneficiosa tanto para mí, como para la Rama Akh´Velahr en primera linea, espada en mano, que en un despacho organizando patrullas, o escribiendo informes.

Por esto, pido ser destinada al Batallón con el Estandarte del Ciervo Plateado, como soldado Akh´Velahrn , en los enclaves élficos en los que esté destinado dicho batallón, renunciando a mis responsabilidades administrativas en la ciudadela como Sauliak.

Firmado: Samara Selesar, Akh´Velahrn

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La Akh´Velahrn Samara ya abandonaba la ciudadela para ir al encuentro del batallón al que estaba destinada. Serian días lejos del hogar, en un enclave del Weldazh alejado de la Joya del Bosque, donde había un campamento permanente de vigilancia y siempre se estaba en alerta.

Mientras caminaba recordó la conversación que había tenido recientemente con Celyl:

¿Sabes que en el Festejo de la Luna alguien se disfrazó de ti?
¿De mí?– dijo levantando las cejas en su gesto habitual. – Creí que eran disfraces de Héroes. No de gente corriente.
Entonces deberías sentirte muy halagada.

No se sentía una heroína, pero que alguien pensara eso de ella hizo que entrara en el bosque con una sonrisa y los ojos acuosos. Últimamente derramaba muchas lágrimas de orgullo.

Samara se adentró en el bosque con su uniforme aguamarina, en busca del campamento con el estandarte del Ciervo Plateado.

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Mensaje enviado a capitanía en mano al Sauliak Akh´Velahr Yeldhariel:

«A mi superior al mando, el Sauliak Yeldhariel para que lo eleve a Capitanía:

Yo Samara Selessar, miembro del Batallón Selesar y Akh Velahrn del ejército de su Majestad la Reina Ellesime:

Deseo solicitaros una excedencia temporal de mis responsabilidades y cargo en el ejército de 3 años de duración, por motivos de próxima maternidad.

Atentamente: Akh´Velahrn, Samara Selesar. »

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Desde Evereska

La elfa Solar se agarró al brazo de su esposo y esperó a que terminara de conjurar. Sintió ese cosquilleo preámbulo del viaje mágico, que prefería no saber en qué consistía, y soltó el aire cuando sintió que sus pies pisaban otro terreno, muy distinto al del de Suldanessellar que habían dejado.

Miró alrededor, al que sería su nuevo hogar durante el tiempo que esperara el momento del parto y donde criarían a su hijo en los inicios de su vida, cerca del Abuelo Naïlo.

El abuelo se había esmerado en ultimar todos los detalles, cuna incluida, y los esperaba con una sonrisa ilusionada en su, normalmente serio, rostro.

Solo faltaban días, quizás poco más de una semana para ser padres, y se sentía algo angustiada. Su madre había muerto dando a luz a Samara y su hermano Feanor, pero intentaba no pensar en eso. Que Erven regresara a Suldanessellar a enfrentarse a las tensiones de la ciudadela y a los peligros que siempre se empeñaba en combatir solo, le preocupaba más.

Pidió que le llenaran una bañera de agua caliente para deshacerse de tensiones y del olor al bosque que tanto amaba. Aún le resultaba extraño ver los vestidos aguardándole tras el baño, y no las camisolas para ponerse bajo la armadura.

Se acomodó entre almohadones, libros y atenciones familiares, en lo que llaman la «Dulce Espera».

 

La noche transcurría con tranquilidad en la Posada a Medio Camino, en las faldas de los Shaeradrim que rodeaban La Fortaleza Hogar, la rutina del elfo había sido la misma durante las últimas semanas, atender durante el el día los asuntos que le mantenían alejado de su esposa en Tethyr y Amn y luego regresar mágicamente junto a ella a pasar el mayor tiempo posible a su lado.

La Posada a medio camino gozaba de deliciosos caldos, incluso el tan preciado Everquisst se servía allí a quizás el precio más bajo de los Reinos debido a la cercanía del principal y quizás único productor del continente, una gran cantidad de espirituosos élficos se disfutaban en la posada bajo el nombre de Elquesstria, las famosas guías de Volo la apreciaban como una gran posada y aún mejor taberna.

Hoy se había hecho tarde y el sol ya cerraba el horizonte, el joven elfo solar había decidido hacer noche allí, los asuntos de la Ciudadela del Weldath le habían retenido durante demasiado tiempo como era, últimamente habitual.

Tomaba una sopa y una pequeña copa de vino en una mesa alejada de la zona más bulliciosa de la estancia mientras revisaba algunas notas cuando alzó la mirada ante las palabras corteses que le habían alejado de su lectura.
-¿Señor Naïlo? -escucho la voz discreta de Myrin Lanzadeplata.
-¿Sí? – el elfo no recordaba haberse presentado al posadero, pero este parecía conocer su nombre.
-Disculpad la interrupción, alguien os espera fuera -comentó el elfo con sobriedad.
-¿Uh? No esperaba a nadie -se levantó con cierta incomodidad ante la inesperada llegada.
– Creo que deberíais salir cuanto antes -no os preocupéis por la cuenta, hoy invita la casa.

Asintió amable a Myrin y le dedicó unas palabras de agradecimiento antes de cruzar la estancia hacia la salida, ¿sería Ruaven? ¿habría algún problema con Samara? A paso firme y algo transitaba azorado junto al camino hasta que escuchó una voz.

-¡¿Erven?! -el guardia acariciaba una enorme águila gigante iba vestido con los colores de la ciudadela y hacia aspavientos para que se acercara cuanto antes.
-Sí, soy yo, ¿qué sucede va todo bien? -preguntó el arcano abriendo mucho los ojos.
-Ruaven me ha avisado de que vuestra esposa se ha puesto de parto, soy Ailer, serví con vuestra madre durante la guerra contra los phaerimm -comentó ya más sosegado el guardia.

-Debemos partir cuanto antes, no es que esté precisamente cumpliendo órdenes. Montad conmigo, os llevaré junto a ella.

– ¡¿Dónde está Erven?! – se oyó gritar desde los aposentos de la guerrera casi en un aullido.

Su suegro, apurado, miraba por las ventanas de la residencia Naïlo esperando ver llegar en la lejanía al águila gigante y sus ocupantes. Mientras, varias elfas entraban y salían de la estancia con lienzos, agua y tónicos para la parturienta.

Mientras avanzaba la noche, los gritos de exigencia pasaron a dolientes gemidos propios de un alumbramiento. Las voces de las comadronas eran suaves y pacientes con la enérgica gentil que ocupaba el lecho.

Casi a medianoche el anciano por fin vislumbró una sombra en el cielo y suspiró aliviado.

– Llega a tiempo – Sonrió a la comadrona más anciana que se asomó a la puerta y esta levantó una ceja severa indicándole «por los pelos» con el gesto.

El alto elfo solar entró corriendo, mientras se despojaba de sus pertenencias y abrigo, tirándolos a un lado y acercándose al cabecero de la gran cama donde agarró las manos de su esposa.

– Ya estoy aquí, Sam. – Le sonrió y le dio un beso en las manos mientras interrogaba con la mirada a la matrona. Esta, seria y tranquila, solo asintió para tranquilizarlo. Todo iba bien.

– Claro que estás aquí. Siempre cumples tus bellas promesas, siempre. -la elfa apretó su mano en un nuevo estallido de dolor.

Pese a estar acostumbrada a heridas graves y las duras condiciones de una batalla, Samara estaba abrumada por el dolor que la partía de parte a parte. «Es mucho más fácil matar a un ilícido que hacer esto», pensó mientras una de las jóvenes ayudantes intentaba ponerle un paño fresco en la frente.

Al llegar el alba a Evereska la criatura volvía a brazos de su madre. Erven lo había llevado fuera, a los salones, a conocer al abuelo Naïlo. Le dio tiempo a descansar y recuperarse.
– ¿Y su nombre? – preguntó el orgulloso padre acunando al pequeño bebé elfo antes de dárselo a la reciente madre.

– Ya lo tiene. – Ella posó sus ojos en los de él, desafiándolo y sonriendo. Él supo que no había discusión posible ante esa mirada. – Lanimil Naïlo.

El solar supo que había decidido el nombre independientemente del sexo de la criatura, «Bella Promesa» o «Hermoso Vínculo» eran sus traducciones en el tosco idioma humano. Ninguna de ellas se acercaba a lo que significaba en elfico el nombre de Lanimil.

La joven elfa, desde que había abandonado la espada y la armadura, le sorprendía cada vez más con una actitud más delicada y meditativa propia de su raza.

Los días transcurrían alborotados en la residencia Naïlo, el joven Lanimil había llenado de vida un hogar que desde las pérdidas en la guerra contra los phaerimm había permanecido vacío de color y vida, como observar el Plano Material desde el Etéreo, presente y borroso al mismo tiempo.

Samara esperaba la llegada de Erven, el elfo era feliz cuidando al niño el poco tiempo del que disponía y su padre Ruaven llevaba años sin mostrar la cara de felicidad que se dibujaba en su rostro cuando el joven Lanimil daba sus primeros e inseguros pasos buscando a su abuelo con los brazos abiertos.

Sus obligaciones, como todo adulto imaginaba el elfo le alejaban más tiempo del que le gustaría de su familia, ser padre era una experiencia que le había hecho ver y comprender su pasado de forma distinta a como ninguna otra experiencia podría haberlo hecho antes.

Incluso para los elfos pensó, por muchos siglos que se vivan hay dos tipos de tiempo, dió un beso a la guerrera que yacía en ensueño en la cama tomó su bastón y partió de nuevo a las afueras de la Ciudad Fortaleza, varios gestos de manos y unas palabras de poder pusieron de nuevo los pies del elfo en las Tierras de la Intriga, la vida, el trabajo y la aventura fuera de la tranquilidad de Evereska, no descansaban.

– ¿Dónde voy a meter tanto vestido? – la guerrera resopló acomodándose los rebeldes mechones del cabello, de nuevo áureo tras el nacimiento de Lanimil.

Los años pasados en Ervereska, sin corazas ni armaduras, había acumulado demasiados ropajes vaporosos y un sin fin de chismes infantiles que debía transportar de nuevo a la ciudadela.

El tiempo se echaba encima, pronto llegaría el arcano y tenía la sensación que olvidaba algo importante. Cerró los ojos y pensó con fuerza.

El aire se llenó del olor caneloso de la magia y sonrió. Al menos a ella le recordaba al olor de esa especia siempre que Erven aparecía en el aposento mediante algún conjuro.

– ¿Listos? – preguntó el mago ya con Lanimil en brazos. Aunque el infante ya era bastante mayor para ir a pie, su padre no perdía oportunidad de alzarlo.

– Olvido algo… – se giró mirando la habitación donde había descansado esos años y repasó mentalmente cada rincón de la estancia. Resopló por enésima vez ese día, y puso sus brazos en jarras. Entonces cayó la cuenta.

Empezó a reírse de forma tenue y, poniéndose de puntillas, bajó un fardo de encima de uno de los muebles más altos. Lo desenvolvió, aun riendo, ahora de forma más sonora y se ciñó a la cadera su contenido.

– Mi espada – dijo entre carcajadas nerviosas mientras se acercaba a Lanimil y Erven que la miraban con cara de pasmados.

¿Cómo podía haber olvidado lo que otrora fuera parte casi de su ser? Sintió el peso, extraño, en su costado y suspiró terminando de reír.

– Volvamos a casa. Es hora – dijo la Ar´Tel´Quessir sujetándose al brazo de su compañero.

Lianchio

Hola, me llamo Rocio y vivo en Jerez de la Frontera, Cádiz (España). Dedico mi tiempo a mi familia, mis blogs, a juegos y mi hogar. Conviviendo con el Autismo y el Asperger, Pensionista y Friki.  Bienvenidos a mi Blog.

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